¿Qué estilo musical es el más adecuado para la Iglesia? ¿Y para evangelizar? En esta nota, el autor nos orienta para que podamos ser “todo para todos” en cuanto a la música. Porque al final de cuentas, el amor es el que edifica. Por Steve Miller

Una herramienta poderosa debe ser usada de manera apropiada. En las manos de un chef, una llama de gas es usada para preparar una fiesta. Controladas por un incendiario, la llama llega a ser mortal.

De la misma manera pasa con la música cristiana contemporánea: si los principios bíblicos son violados, usar esta herramienta puede resultar sin sentido, o puede ser divisorio o destructivo, aun cuando la música sea usada con la mejor intención. Consideraremos qué dice la Biblia con respecto a nuestro uso de la música.

Hacerse de todo para todos
Este principio de 1 Corintios 9:19-23 muestra que debemos escoger los estilos al comprender la cultura a la cual nos dirigimos. Es en esta sección de las Escrituras en la cual el apóstol Pablo revela un componente esencial de su estrategia para evangelizar cuando dice: “a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos”.

¿Cómo podemos ser “todo para todos” en cuanto a la música?
Primero que nada, debemos resignarnos al hecho de que ningún estilo de música funcionará igualmente bien en todos los contextos culturales.

Pablo abandonaba su propia zona de comodidad, la herencia cultural en la que se sentía cómodo, para poder alcanzar a otros con métodos en los cuales ellos se sintieran cómodos.

Para el ministro que está preocupado por presentar el evangelio con claridad, un entendimiento profundo del grupo al cual se dirige es esencial. Ignorar estos matices culturales es arriesgarse a presentar un Jesús irrelevante, o peor aún, a un Jesús débil.

Ajuste la música a la ocasión
Dentro de cada grupo cultural, existen formas musicales apropiadas para ciertas ocasiones, que son inapropiadas para otras. Proverbios 25:20 describe esto de la siguiente manera: “El que canta canciones al corazón afligido, es como el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que sobre el jabón echa vinagre”. No tener en cuenta esto, podría frustrar el impacto pretendido.

Prepárese diligentemente
Mientras que el mundo se ha acostumbrado al profesionalismo musical, demasiadas veces la Iglesia se ha quedado adicta a la mediocridad. Pablo expresó el nivel de excelencia bíblico en su carta a los Colosenses: “Y todo lo que hagáis hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (3:23). ¡Pon tu alma al trabajo, como si tu jefe fuera el Señor!

Enfóquese en Dios y en los otros
La popularidad de la música presenta la amenaza de tentar a los grandes egos que tienen hambre de satisfacción. Los músicos cristianos tienen que luchar con la tentación de sustituir el servicio por el estrellato. Esta es un área en la cual la Biblia es clara: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5).

Rinda cuentas a alguien
En los últimos años, muchos cristianos muy prominentes se han visto involucrados en escándalos que han traído desgracia a la Iglesia. Tal vez mucho de esto pudo haber sido evitado si estos líderes se hubieran puesto bajo la autoridad de alguien. Los ministerios musicales harían muy bien en establecer el rendimiento de cuentas espirituales y financieras, como ya algunos lo hacen.

Demande calificaciones espirituales
Antes de que una iglesia contrate a un músico o a una banda, se les deben hacer algunas preguntas muy serias. Si los músicos son considerados como siervos o líderes de Dios en una posición visible dentro de la iglesia, ¿no deberían exhibir las mismas cualidades de los ancianos o los diáconos que se mencionan en 1 de Timoteo 3 y en Tito 1? Las vidas de los cantantes deben estar de acuerdo con las letras que cantan.

Esfuércese por comunicar con claridad
El pedido de oración de Pablo en Colosenses 4:3-4 debería ser adoptado por cada intérprete y líder de alabanza: “Que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar”.

La claridad en el mensaje a través del cántico no es un asunto simple, especialmente en una sala de conciertos. Aun cuando los cantantes hacen su mejor esfuerzo para pronunciar con claridad las letras, los mensajes pueden ser oscurecidos por los problemas de acústica que provocan ecos y otras distorsiones. Muchas veces los problemas de la claridad del mensaje causados por las variantes de un concierto pueden ser vencidos por la previsión del promotor de la iglesia local.

Sea sensible con el débil
Una cosa es compartir la verdad, pero muchas veces compartir la verdad en amor es otra cosa completamente diferente. Aquellos que tienen libertad para usar la música cristiana contemporánea, deben considerar a aquellos que han sido cuidadosamente guardados de toda forma de música contemporánea, y están convencidos de la naturaleza malvada de tal música.

Otros a quienes debemos considerar son aquellos que fueron libertados de una subcultura del rock de la cual ahora quieren mantenerse lo más lejos posible. Debemos usar nuestra sensibilidad hacia aquellos que tal vez nunca entiendan la libertad de usar tales formas para Dios.

Aquellos que creen erróneamente que una práctica neutral es pecaminosa, son señalados como “débiles” por Pablo. Para entender mejor la respuesta apropiada que debemos tener para con los débiles, vamos a tomar Romanos 14 y substituir el asunto de comer por el de escuchar música:

“Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. Porque uno cree que puede oír la música cristiana contemporánea; otro, que es débil, oye solamente la música cristiana tradicional. El que oye la música contemporánea no menosprecie al que no la oye, y el que no oye la música cristiana contemporánea no juzgue al que la oye, porque Dios le ha recibido… Así que ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano”.

Extraído de “Debate de la música cristiana contemporánea”
Editorial Unilit.